
En la mitología cántabra, los Trentis son pequeños duendes del bosque, conocidos por su carácter travieso y su gran habilidad para pasar desapercibidos. Visten con hojas, musgo y raíces, lo que les permite confundirse perfectamente con la vegetación que los rodea. Durante el invierno descansan en el abrigo de las torcas y, en verano, se refugian bajo la sombra fresca de los árboles. Aunque anduvieran por esta zona del parque no será fácil verlos.
Se alimentan de panojas y endrinas, y sienten gran afición por la leche, aunque nunca beben agua, ya que resulta venenosa para ellos. De aspecto diminuto, rostro oscuro y ojos verdes, recuerdan al Trastolillo, aunque a diferencia de este, el Trenti no entra en las casas, pues es un espíritu propio del monte.
Manuel Llano los describe en un espacio de bosque como esta zona de Mazcuerras, bromistas y juguetones, disfrutan escondiéndose entre los matorrales para gastar pequeñas travesuras a quienes cruzan los bosques: tirones de ropa, pellizcos furtivos y rápidas huidas entre risas y volteretas. Sin embargo, también pueden ser protectores y serviciales, especialmente con los niños, los pastores y las personas mayores, ayudando en secreto a quienes lo necesitan. Estad precavidos por si acaso: cuidado con el Trenti.
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Relato completo de Manuel LLano
-Ya lo vei-exclamó tía Juliana-. Las mozas están alegres. Barruntan las rosas y las tibiezas. Son güenas las mozas y las crías; pero no son como las de los mis tiempos. Ahora son más resabías y más parletanas… No tienen miedu ni al mesmu Trenti. Ya no creen ni en el Trenti las mu atrevías…
Nosotros preguntamos a tía Juliana lo que es el Trenti y ella nos le describe mientras trajina con unos ramos de panojas doradas.
-Pos el Trenti es un enanu que andaba por los montes vestíu con un ropaje de hojas y de musgos. Dormía en las torcas en el inviernu y debajo de los árboles en el veranu. Comía panojas y endrinas, pero no bebía agua porque diz que el agua le servía de venenu. Era maliciosu y pícaru. Se escondía en las matas de los senderos y jalaba de las sayas a las muchachas. ¡Cuántos sustos dio a las probes mujeres el mal pecau! Los ojos del Trenti eran verdes y la cara negra. Nadie sabe de ónde vino ni a ónde se jue. Cuando una moza salía rebeca y mal intencioná, solía decirse: “Esa no se asusta ni del mesmu Trenti”. También diz que había solteronas que iban por los senderos del monte pa que el Trenti las jalara de las faldas y las diera pellizcos en las pantorrillas… Yo nunca lu ví, señor..
Tía Juliana parla como una gran señora. (…) Ama a sus tiempos. Cuando diz que había Trentis maliciosos vestidos de hojas y musgos, que pellizcaban a las mozas en los caminos serranos…
La leyenda del Trenti. BRAÑAFLOR
