
Un joven fuerte y valiente acudió a cortar árboles al monte de Ucieda cuando, al herir uno de ellos, escuchó los lamentos de una doncella encantada. La joven, atrapada por un hechizo, le prometió riquezas si lograba liberarla. Para ello debía acudir al remanso de un río, donde una anjana le indicaría el camino.
La anjana le encomendó encontrar una flor mágica escondida en una cueva interminable. El mozo entró en ella y vagó durante lo que parecieron años, perdido en la oscuridad, mientras el tiempo pasaba sin que él lo notara. Cuando por fin halló la flor y regresó al mundo exterior, descubrió con horror que todo había cambiado: sus padres habían muerto, su prometida había envejecido y nadie le reconocía.
Al volver al río, la anjana le reveló que aquel era su castigo por haber despreciado en el pasado a una joven inocente. Así, esta leyenda recogida por Manuel Llano recuerda que las anjanas premian la bondad, pero castigan duramente la falta de respeto y la burla al amor verdadero.
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Relato completo de Manuel LLano
Una vez jue un mozu muy tresnáu y altu a cortar unos árboles al monte de Ucieda, al ser de día. Al llegar al monte dio un jachazo a un árbol y tembló el mozu de los pies a la cabeza. Paez que el árbol se quejaba como una persona. Golvió a dar otru jachazu y golvió a temblar tou asustau. Se le cayó la jacha de las manos y se le encresparon los pelos como a los caballos cuando barruntan el lobo. Iba a echar a correr, pero salió del árbol otru quejiu y una voz muy triste que le decía:
-Soy una doncella que está encantá.
Soy una doncella que está enamorá.
Te daré muchas riquezas si me quitas las tristezas.
Te golveré enriqueciu si ahora vas al riu
y llamas con un palu en el remanso del riu.
Una anjana saldrá y ella misma te dirá
lo que tienes que jacer pa quitarme el padecer.
Te daré muchos caudales si me quitas estos males,
y me güelves a mis padres pa besales y alegrales.
El mozu golvió al pueblu y se lo dijo a su novia que se llamaba Rosaura con la que iba a casarse aquella misma semana. La moza le dijo que hiciera lo que la doncella quería porque así serían ricos.
El mozu jue al remansu del riu que está cerca de la hoz de Santa Lucía y dio con el palu en el agua que se abrió a los pocos instantes y salió una anjana muy guapa que tenía unos ojos azulaos y muy grandes. La dijo el mozu lo que le había pasau en el monte y la anjana que se había quedau sentá encima del agua le dijo:
-En una cueva entrarás y andarás que te andarás.
y una flor encontrarás
brilla que te brillará, y aqui me la traerás
y a la moza desencantarás.
El mozu se golvió al monte y entró en una cueva que diz que iba a parar a Barcena Mayor. Anduvo tou el santu día y toa la noche sin alcontar la flor. Al otro día anduvo que te anduvo y ya no sabía cuándo era de día ni cuándo era de noche. (…) Quiso golverse, pero como la cueva tenía muchos caminos pa un lau y pa otru, se perdió y no daba con la salida.
Viendo que no podía salir se puso a buscar otra vez la flor, pero no la veía brillar en la oscuridá como le había dicho la anjana del remansu. Ya tenía las barbas muy largas, lo mismu que las melenas de la cabeza. Las ropas se le iban destrozando y tenía que ir descalzu de tantu andar.
Una vez soñó que la su novia se casaba con otru mozu de Ruente que andaba detrás de ella cuando él la rondaba. El sueñu lu desconsoló y quiso buscar la salía, pero tampocu la alcontró.
Cuando la barba le llegaba hasta los pies encontró la flor. La agarró locu de contentu y en seguida dio con la salía de la cueva. Echó a andar pa la casa de sus padres y llamó a la puerta. Salió un hombre que le preguntó lo que quería.
-Esta es la mi casa dijo el mozu.
El vijo cerró la puerta y riéndose de él le dijo:
-Este vieju está lelu. Vaiga, vaiga por el caminu…
De una correndía jue a la casa de la su novia y llamó a la puerta y salió una mujer a ver lo que quería.
-Güenas tardes, tía María. Ya sali de la cueva con la flor…
-Yo no soy tía María. Tia Maria se murió haz muchos años.
-Pues yo quiero ver a Rosaura, que es la mi prometía.
Y la mujer, que ya era muy vieja, le contestó:
-Rosaura soy yo y no le conozco. Y vaiga a otra puerta con la jumera¹…
Paez que se golvía locu y na más que hacía mirar a una parte y a otra y después echó a correr com un demoniu. Se cayó en metá de una calleja, y una vieja que pasaba por allí le tapó con la su manta y le dió posá en el su pajar. Al otru día le cortó el hiju de la vieja las barbas y le arregló un pocu y juese al remansu del ríu. Llamó con el palu y salió la anjana y le dijo:
-Buen castigu recibiste por el dañu que jiciste a una moza que perdiste.
Y golvió a meterse en el agua. El remordimiento le recomía las mismas entrañas. Antes de echarse de novia a Rosaura, había síu noviu de una moza muy güena que se llamaba Mercedes y la dejó después de hacer burla de ella.
La flor de la cueva. RABEL
